Viajando con ITC: Todo Lo Que Necesitas Saber De Machu Picchu

Las historias alrededor de la Ciudad Perdida de los Incas llenan de misticismo la experiencia de visitar este enclave peruano. Lo que sí es real es que los conquistadores españoles nunca llegaron a controlarlo y que Hiram Bighman está considerado su descubridor oficial.

Cuentan que fue un niño, llamado Pablito, quien por un sol condujo a Hiram Bingham hasta la Ciudad Perdida de los Incas, por aquel entonces cubierta por una densa vegetación. Cuentan que fueron las familias Richarte y Arteaga las que descubrieron al aventurero estadounidense la existencia de este lugar, advirtiéndole del peligro de penetrar allí por las altas posibilidades de perderse y que, cuando Bingham volvió con refuerzos, rechazaron acompañarle.

Unos dicen que al llegar a la plaza principal de la ciudadela, en 1911, empezó a talar los árboles y descubrió una inscripción con una fecha anterior: 1909. Alguien antes que él estuvo allí. Otros aseguran que pudo leer: Lizárraga, 1902. Incluso que escribió en su diario: «Agustín Lizárraga es el descubridor de Machu Picchu», a pesar de que mandó retirar el autógrafo.

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El Traqueteo Del Tren
También narran que lo que realmente quería descubrir Bingham era Vilcabamba, otras ruinas incas que también se encuentran en Cuzco, o que cuando llegó a Machu Picchu no encontró ningún tesoro, lo que hace pensar que los que llegaron antes se llevaron todos los objetos de valor, o que los que construyeron esta «maravilla del mundo» nunca regresaron a la ciudad y se quedaron viviendo en la selva.

En tren camino a Machu Picchu.

En tren camino a Machu Picchu.

Y así diferentes teorías, historias, cronistas y guías que intentan sumergir al visitante en un complejo arquitectónico y natural que invita por sí sólo a dejar volar la imaginación y viajar en el tiempo, intentado soñar cómo sería vivir allí… Hasta que el traqueteo del tren que se escucha a lo lejos o el bullicio de los turistas rompe la magia de un lugar que permaneció escondido durante siglos. Así que se recomienda madrugar antes de que el paisaje esté inundado por gorras y mochilas.

 

Lo que sí es real es que los conquistadores españoles, con Francisco Pizarro a la cabeza, nunca llegaron a controlar Machu Picchu, y que Hiram Bighman pasó a la historia como su descubridor oficial. Así lo refleja la placa a la entrada de la ciudadela y la edición de abril de 1913 de la revista National Geograchic. Sea como fuere, la naturaleza XXL que envuelve a este lugar a 2.800 metros de altitud no deja indiferente ni al más viajado. Además de las muchas maneras que hay de disfrutarlo.

El Puente Inca
Empezamos por el imprescindible ascenso a la montaña de Huayna Picchu (sí, esa que ilustra todas las postales y con la que todo el mundo ansía retratarse de fondo), de acceso restringido a dos grupos de 200 personas por día y con vistas únicas. Otra opción es alcanzar la cima del pico Machu Picchu, justo enfrente, a más de 3.000 metros, a través de un recorrido más cómodo que el anterior y en el que reina la vegetación selvática. Se permite la entrada de 800 personas por jornada.

Dentro de la ciudadela inca.

Dentro de la ciudadela inca.

Uno también puede aproximarse al Puente Inca, tallado en la pared de la montaña y desde donde el ser humano resulta insignificante ante la inmensidad del paisaje. U observar la perfección y la simbología de cada espacio al recorrer el Templo del Sol, del Agua y de las Tres Ventanas, entre otros rincones. A los más preparados les espera el Camino Inca, que recorre una antigua calzada durante cuatro días para terminar con la entrada triunfal (indescriptibles las caras de asombro de los que llegan) por la Puerta del Sol, olvidando el cansancio ante las vistas.

La experiencia de visitar Machu Picchu es única e inolvidable. Se pueden leer cientos de artículos como éste que nunca llegarán a reflejar todo lo que allí se experimenta. Para dar fe de la visita se puede estampar un sello en el pasaporte a la salida de la ciudadela. Sin embargo, Perú no es sólo la Ciudad Perdida de los Incas. Queda el lago Titicaca, el cañón del Colca, las líneas de Nazca, la selva… Pero todo esto será en otra aventura, ya que Perú es una tierra a la que volver.

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